Las Caras de la Migración | Víctima del Conflicto armado

Mi hijo y yo nos venimos a Bogotá por unas amenazas, le digo yo, nos tocó salir y dejar todo tirado, me da mucho sentimiento. Llegamos acá a Bogotá, estábamos en la calle con maletas y todo, y alguien nos dijo que fuéramos a una oficina en el centro, mi hijo expuso el caso de nosotros y de ahí nos mandaron para acá, al alojamiento Casa Volver Solferino, aquí nos hemos sentido muy bien, lo tratan a uno con mucho cariño, una alimentación muy buena, no hemos tenido ningún inconveniente, todo ha sido muy bueno.


De donde venimos es bien helado, allá uno sacaba tomate, yuca, papá, eso sí es frío. Con mi hijo sacábamos fruta y nos dedicábamos a la agricultura, al campo, y a veces, cuando no teníamos nada que hacer, yo me iba a trabajar a otras fincas, ayudando hacer comida para los trabajadores.


En este momento, estamos en búsqueda de vivienda para quedarnos en Bogotá, mirando cómo nos ponemos a trabajar, mi hijo sabe mucho de cocina, a él le gusta trabajar en restaurantes y sabe todos los procesos de hacer carne a la llanera, prepara una carne a la llanera extraordinaria, entonces queremos eso, mientras tanto, está ayudando hacer unas arepas y venden por el centro, pero que noche venían para acá y a mi hijo lo atracaron, le quitaron el celular y treinta y cinco mil pesos que traía, eso había sido la venta del día. La meta es mirar como buscamos trabajo acá o cómo hacemos para montar un negocito por cuenta de nosotros así sea en la calle un puestico para vender algo de alimentos que es lo que sabemos preparar.


Nosotros no conocíamos Bogotá, mi hijo si se defiende porque él sí tuvo estudio, yo no tuve estudio, no conozco de direcciones, en el campo los papás de uno no se preocupan por darle estudio si no solo es que trabaje y trabaje. Yo solo hice tres meses de primaria, pero mi hijo si se defiende y pregunta, yo si no me atrevo a salir.


Me aburro sin hacer nada, me desespero, porque uno en el campo siempre está haciendo algo, cuando no es una cosa es otra y uno vive ocupado. Yo deseo tener un negocio así sea uno de empanadas, de lo que uno sabe hacer, tener algo para poder defenderse. Si Dios quiere, con la ayuda que estamos recibiendo por parte de ustedes poder cumplir nuestro sueño.


Un señor le presto un carro a mi hijo para hacer las arepas, pero esta desbaratadito, entonces cuando llueve no lo puede sacar porque la carpa está rota. El señor le dijo que se lo vendía en ciento cincuenta mil pesos, pero yo le digo que como va a comprar un carrito desbaratado, que no tiene carpa, ni tiene las puertas de la bodega, pero mi hijo me dice eso lo arreglo yo, le compró laticas y se las pongo.


A mí me entra una depresión a ratos y yo lloro mucho en esa pieza, porque uno aquí escucha mucho comentario y me da miedo volver a vivir la misma situación que pasamos en el pueblo porque allá nos tocó salir con lo que teníamos puesto.


Yo confió en Dios en que vamos a poder salir adelante, mi hijo es muy trabajador y yo también, si me toca meterme a una cocina a trabajar yo lo hago, porque regresar es exponerse a que uno lo maten, es mejor quedarse acá y luchar para salir adelante.


Nosotros estamos muy agradecidos, primero con Dios y con ustedes porque nos han tendido la mano en el momento tan difícil que estamos pasando, muchísimas gracias por toda la ayuda que nos han brindado día a día desde que llegamos.


Elaborado por:


Víctima del conflicto armado

Alojamiento Casa Volver Solferino

Cruz Roja Colombiana Seccional Cundinamarca y Bogotá

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