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De la historia, a la realidad de un conflicto…

El comienzo del conflicto armado en Colombia, desde un origen histórico, podría remontarse casi desde los tiempos de la conquista, donde centenares de indígenas fueron despojados de sus terruños, de sus tradiciones, de sus familias, de la vida misma. No obstante, a esa realidad histórica, los tratadistas nos llevaron a ubicarnos hacia los años 50 del siglo pasado, donde el origen inicial del denominado conflicto armado se origina en el acceso a la tierra, el cual, indiscutiblemente, está íntimamente relacionado con las principales necesidades básicas de los seres humanos: la alimentación, la vivienda y el trabajo (este último generador de ingreso para las sociedades).


Es en ese terreno abonado de trabajo campesino, sembrado de semillas, donde floreció un fruto, tal vez sin forma, resistente a todo y con el propósito estructural y sistemático de marcar una historia de país, el cual claramente ha permeando cada componente del tejido social, no es otra cosa sino el germinar del conflicto armado, que, según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), sucede cuando se recurre a la fuerza entre Estados, la cual provoca una situación de violencia armada prolongada entre autoridades gubernamentales y grupos armados organizados o entre estos grupos dentro de un Estado.


Bajo la anterior definición, y en el escenario de país, dada la problemática y la escalada creciente de ese denominado conflicto armado, es donde el Estado legisló en este siglo la Ley 1448 de 2008, la cual, en resumen, es un conjunto de mecanismos para proteger, asistir, atender y reparar integralmente a las víctimas del conflicto.


Mediante su jurisprudencia y espíritu legislativo, conlleva a unos procesos de indemnizaciones monetarias o la restitución de bienes y la inclusión de medidas de satisfacción, rehabilitación, restitución (sea de tierras, vivienda, fuentes de ingreso, acceso a crédito, educación, salud) y las anheladas garantías de no repetición para los más de 10 millones de víctimas, según el Registro Único de Victimas RUV; lo cual representa el 20%, aproximadamente, de la población total del país.


Para la atención de las víctimas, desde lo distrital, se habla de la respuesta en inmediatez como mecanismo ante la problemática y en razón a las sentencias de la Corte Constitucional, las cuales instan a los entes territoriales a tener medidas de respuesta humanitaria, siendo este lineamiento un punto de encuentro con la Cruz Roja Colombiana Seccional Cundinamarca y Bogotá (CRCSCB) en su misionalidad humanitaria de aliviar y prevenir el sufrimiento humano, encontrándose la Institución inmersa en la ruta de atención del distrito, con la modalidad de alojamiento transitorio desde hace 13 años.


La ruta de atención desde la CRCSCB permite responder a las necesidades propias del desplazamiento de los sistemas familiares, provenientes de los 32 departamentos del país; con un servicio integral de alojamiento, alimentación con enfoque diferencial étnico (en 5 momentos con desayuno, almuerzo, cena y meriendas mañana y tarde), entrega de paquetes de aseo según edad y necesidades de autocuidado o hábitos de vida saludables y valoración en salud y acompañamiento psicosocial permanente. Este último, por medio de un modelo de intervención transformador, donde se enfatiza el acompañamiento en pedagogía de georreferenciación, fortalecimiento de habilidades blandas, reformulación de proyecto de vida y demás herramientas para la inserción laboral y socio comunitaria en el referente de ciudad.


En esta construcción es donde aparece el vital ejercicio de los profesionales de la Dirección de Asuntos Humanitarios de la CRCSCB, los cuales, a través del reconocimiento y apropiación de enfoques diferenciales, de acción sin daño y garantía de derechos, viabilizan toda una estrategia de formación con talleres, espacios de escucha, intervenciones individuales y grupales y, sobre todo, con el propósito de brindar una atención digna, respetuosa y con la visión de un país en paz, con justicia y equidad social.


Los anteriores componentes, constituyen un modelo de atención construido desde un actuar psicosocial, el cual permite contribuir cada día en la reformulación de proyectos de vida con estabilización socio económica, con propósito de país; donde el propósito sea sembrar memoria, solidaridad, reconciliación y una verdadera transformación del tejido social en los ámbitos familiar, social y comunitario.


Darío Ríos Aguilar

Coordinador de Acciones Humanitarias

Dirección de Asuntos Humanitarios CRCSCB


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